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Al voltant de Matilde

ISABEL MONAR

CD
CLÁSICA CONTEMPORÁNEA
COLUMNA MUSICA (COM0427 02)
8429977104276
Matilde Salvador, con voz de mujer
El nombre de Matilde Salvador es recurrente cuando queremos hacer referencia a la creación musical femenina hecha en la España moderna. Es el nombre de una mujer que representa a una generación con un destino que tuvo cara y cruz. La cara de los nacidos en una primera mitad de siglo xx, que parecía bien orientada hacia el progreso social, cultural y político —quizá no tanto, hacia el económico— y que, en cambio, se toparon con la cruz del fascismo, de la guerra y de la derrota de aquella utopía con todas las consecuencias.
Matilde Salvador había nacido en una familia de músicos, hija del violinista Josep Salvador Ferrer y hermana también de violinista, Josefina Salvador, además de su tía Joaquima Segarra, que era pianista y que fue su primera profesora de música. Matilde oiría la llamada de la composición en breve, en la adolescencia, entre los quince y los dieciocho años, cuando compuso su primera canción para voz y piano: Cuentan que la rosa. Poco después terminaría los estudios musicales en el conservatorio y seguiría los estudios de composición y orquestación con Vicent Asencio (1908-1979), con quien se casó. Haber tenido el padre y el marido músicos facilitó su dedicación a este arte sin que se viera entorpecida por los prejuicios sociales o familiares que en aquella generación condicionaban la vocación creativa de una mujer.
Muy al contrario, en el caso de Matilde Salvador, la música tomó sobre todo el cuerpo de una voz llena, poética, en forma de canción, que fue el género en el que se prodigó sobradamente, poniendo música a más de un centenar de poemas de autores de su generación, entre los que se encuentran incluso versos de Salvador Espriu. La palabra y la música unidas en la canción llevaron la obra de esta mujer por numerosos caminos sonoros, hasta la creación de la ópera, la obra total, la que une todas las artes, como Vinatea, que compuso en colaboración con su marido y que estrenó en el Gran Teatro del Liceo en 1974.
La música de Matilde Salvador bebe de las fuentes populares hispánicas que marcaron su generación, crecida a la luz de Manuel de Falla. Es, por lo tanto, una música de cariz austero, atávico, que parece masticar las palabras para darles el color del sentimiento más adecuado, fiel a la intención de la palabra. Isabel Monar las sigue con la voz con absoluta devoción, como demuestra en esta grabación hecha en el homenaje de su centenario que ha compartido con la pianista Concha Sánchez Ocaña.
La elección de las canciones es intencionada para que las de Matilde Salvador dialoguen con las de otros compositores de su época, en concreto con las de su marido y con las de Frederic Mompou. Ambos se incluyen entre dos recopilaciones de piezas de Matilde, Arietas de primavera, con letra de Juan Ramón Jiménez, que enlaza con las canciones más recientes de Fernando Cabedo Pérez, y Canciones de nana y desvelo, sobre poemas de Carmen Conde.
Un recorrido “en torno a Matilde” en el que sobresale su música con la fuerza cromática y la expresión del trazo que se refleja en su pintura. Dos formas, visible e invisible, de oír la voz de una mujer que canta para la eternidad. MÒNICA PAGÈS


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